5 de septiembre de 2010

Ingrid Newkirk y el veganismo como principio: “Desechen el principio”





En un artículo de la revista Time, Ingrid Newkirk, cofundadora de PeTA, se refiere al “flexitarianismo,” o “vegetarianismo de tiempo parcial".

El objetivo de muchos activistas es simplemente convencer a más personas de que coman menos carne. “Los puristas absolutos deberían vivir en una cueva,” dijo Ingrid Newkirk, presidenta de People for the Ethical Treatment of Animals (PETA). “Cualquiera que testimonie el sufrimiento de los animales y tenga un rayo de esperanza en reducir ese sufrimiento, no puede tomar la posición de ‘todo o nada’. Tenemos que ser pragmáticos. Desechen el principio."

Podemos hacer varias observaciones respecto de las declaraciones de Newkirk:

Primero; Newkirk repite el mantra del movimiento neobienestarista: que las reformas de bienestar animal reducen realmente el sufrimiento. Las reformas que son promovidas por PeTA y los otros grupos neobienestaristas, en su mayor parte no ofrecen beneficios de bienestar significativos para los animales. Sólo representan una forma diferente de tortura. Un simulacro de ahogo a una persona amarrada a una tabla dura es tortura, y un simulacro de ahogo a esa persona amarrada a una tabla acolchada sigue siendo una tortura.

Más aún, en su mayoría, la industria eventualmente adoptaría esas reformas de todas maneras, porque ellas normalmente incrementan la eficiencia de la producción. Dar un poquito más de espacio a los terneros, o usar alternativas a la jaula de gestación, resulta en una productividad animal aumentada, costos veterinarios más bajos y más ganancias para los productores. 

PeTA explícitamente reconoce que matar a los pollos con gas es una medida económicamente eficiente. 

La relación simbiótica entre los grandes grupos animalistas y los explotadores institucionales es clara cuando vemos que grupos como PeTA y los explotadores institucionales están haciendo un teatro donde los defensores de los animales apuntan a una práctica económicamente vulnerable; la industria reacciona con una lucha mínima; la reforma, o alguna modificación de la reforma, es eventualmente aceptada porque no daña y usualmente ayuda a la industria; los grupos animalistas declaran la victoria; los explotadores de animales disfrutan el elogio que la industria recibe de los defensores de los animales. Sólo los animales pierden.

Segund; Newkirk convenientemente ignora que la promoción obstinada de esas reformas bienestaristas por parte de PeTA y otros grupos neobienestaristas y las afirmaciones de que esas reformas hacen la explotación más “humanitaria”, logran que el público se sienta más cómodo acerca de consumir animales y, como resultado, el consumo se incremente. Es interesante notar que el consumo por habitante de los productos animales está aumentando, y no descendiendo. 

Cuando grupos como PETA dan un premio a la diseñadora de mataderos Temple Grandin, o elogian a los vendedores de carne y productos animales, o suspenden el boicot de KFC en Canadá porque KFC acordó comprar gradualmente pollos gaseados de los productores, ¿qué le dicen al público? Nada menos que dar un gran sello de aprobación de “derechos animales”.

Gracias a PETA, la gente que come en KFC en Canadá o en McDonald’s, o quien compre carne “feliz” u otros productos animales en Whole Foods, puede auto proclamarse defensores de los “derechos animales”.


Tercero; Newkirk convenientemente pasa por alto el punto más importante en el debate de si debemos perseguir una clara base moral vegana o, en cambio, perseguir las reformas bienestaristas.

Es un juego de suma cero. Esto es, vivimos en un mundo de recursos limitados. Cada centavo; cada segundo; cada esfuerzo que dedicamos a la reforma bienestarista es menos dinero, tiempo y trabajo que dedicamos a la defensa clara e inequívoca del veganismo. Si las grandes corporaciones neobienestaristas pusieran todos sus esfuerzos en la defensa del veganismo, podrían reducir el sufrimiento y la muerte reduciendo la demanda y ayudando a cambiar el paradigma desde la idea de que los animales son cosas que podemos usar si los tratamos “humanitariamente”, hacia la idea de que los animales son seres con valor moral inherente a los cuales no deberíamos usar en absoluto.

Consideren el siguiente ejemplo: tienen una hora para emplear hoy en la defensa animal. ¿Deberían emplear esa hora educando a la gente respecto de comer huevos de gallinas libres de jaulas en batería, o en no comer huevos (o productos animales) de ningún tipo? No pueden hacer las dos cosas, y en la medida en que le dicen a la gente –como esas organizaciones hacen– que pueden satisfacer sus obligaciones morales hacia los animales comiendo huevos de gallinas libres de jaulas en batería u otros productos animales “felices”, virtualmente garantizan que lo mejor que sucederá es que la gente elegirá una forma diferente de tortura en vez de ninguna tortura en absoluto.

La elección no es, como Newkirk sugiere, entre reducir el sufrimiento o promover el veganismo. Es sólo promoviendo el veganismo –trabajando del lado de la demanda de la ecuación en vez del lado de la oferta (el foco de las reformas bienestaristas)– como reduciremos el sufrimiento –y la muerte.

Una cuestión relacionada es que no es sólo el sufrimiento lo que importa, como Newkirk sugiere, sino que matar también importa. Newkirk aparentemente acepta la visión de Peter Singer de que los animales en su mayor parte no tienen interés en continuar viviendo sino que solamente tienen interés en no sufrir. Rechazo esta visión como una cuestión factual. Negar que cualquier ser sintiente tiene interés en continuar viviendo – esto es, todos los seres sintientes prefieren, o quieren, o desean continuar viviendo –, es absurdo. La posición bienestarista, que Newkirk y Singer aceptan, es que la vida animal per se no tiene valor moral. Quizás esto explica porqué PeTA mata a la mayoría de los animales que rescata en sus instalaciones de Norfolk. En cualquier caso, rechazo este punto de vista como especista.

Dado que el asunto es cómo tratamos a los animales, dado que pensamos que estamos justificados en explotarlos mientras que los tratemos “humanitariamente,” y no el hecho de que no podemos justificar la explotación animal, sin importar cuán “humanitaria” sea, el paradigma nunca cambiará.

Cuarto, entiendo porqué los negocios animalistas como PeTA promueven los principios “flexitarianos” y son hostiles al veganismo. Quieren el mayor número de donantes posible. De acuerdo a un ejecutivo de PeTA, la mitad de los miembros de PeTA ni siquiera son vegetarianos. Si quieren que esas personas hagan contribuciones y los nombren a ustedes en sus legados, necesitan que ellos se sientan bien en cuanto al hecho de que continúan explotando animales. Si quieren codearse con las celebridades de Hollywood y otras personas famosas que consumen animales, no pueden tener una clara política vegana. Así que, en cambio, ustedes tendrán una política que incluya a todos pero, debido a que no rechaza ningún comportamiento como moralmente inaceptable, la posición no significa nada.

La esquizofrenia moral es asombrosa. PeTA rutinariamente condena a los explotadores de animales pero luego fracasa en reconocer que los consumidores que demandan productos animales – incluyendo todos esos miembros de PeTA que no son veganos – son los explotadores de animales que crean la demanda, en primer lugar.

En resumen, es triste que los mayores opositores al veganismo como base moral sean los así llamados defensores de los animales, como Newkirk y Singer (1;2). Es angustiante cuando la respuesta de Newkirk al veganismo como principio es, “Desechen el principio,” o que aquellos que defienden el veganismo como principio “deberían estar viviendo en una cueva.”

Es preocupante cuando aquellos que gritan más alto que el veganismo es difícil o intimidante son los así llamados defensores de los animales.

Por favor, entiendan que no estoy cuestionando la sinceridad de Newkirk. Sólo creo sinceramente que ella está muy, muy equivocada.

Si no son veganos, por favor consideren hacerse veganos. No caigan en la falsa dicotomía entre carne y otros productos animales. No hay distinción moralmente coherente entre la carne y otros productos animales. Los animales usados para la industria láctea generalmente viven más, son tratados tan mal como –si no peor que– los animales criados para comida, y terminan sus vidas en los mismos horribles mataderos que los criados para carne.

Hacerse vegano/a es fácil (a pesar de lo que algunas grandes organizaciones animalistas afirman); es mejor para su salud; es mejor para el planeta; y, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer. 

El veganismo no es una cuestión de compasión o piedad, es una cuestión de justicia fundamental.

El veganismo es lo mínimo que les debemos a los nohumanos sintientes.



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