25 de marzo de 2008

Educación Vegana Simplificada. Primera parte




Una de las cosas que escucho con frecuencia es que educar a las personas acerca del veganismo, particularmente a los que no conocemos, es difícil.

Por el contrario, nuestras interacciones cotidianas con las personas ofrecen muchas oportunidades para discutir acerca del veganismo. Este ensayo se ocupará de dos ejemplos. Presentaré otros en futuros ensayos.

Por ejemplo, en enero de este año, tuve que llevar a Robert, uno de nuestros perros, a ver a un especialista en la Escuela de Veterinaria de la Universidad de Pennsylvania. Había una mujer –me voy a referir a ella como “Jane” en este ensayo, pero este no es su verdadero nombre– sentada en la sala de espera. Jane estaba con una galga. Y como siempre sucede cuando dos humanos están en estos lugares con sus compañeros no humanos, comenzamos a conversar acerca de qué problemas de salud nos habían llevado a Penn. Y esto llevó a cómo Jane había adoptado a su perra que tenía un grupo de rescate y a cómo fue encontrado nuestro perro viviendo debajo de un auto abandonado.

Después de un minuto o dos de hablar acerca del horror que es la industria de las corridas de galgos, le dije a Jane que solía enseñar en la Universidad de Pennsylvania muchos años atrás, y que Penn era famosa por los horribles experimentos, pruebas y procedimientos “educacionales” que hacían en perros y otros animales no humanos. Ella dijo que había escuchado acerca de los experimentos animales en Penn y le mencioné cuán extraño era que una parte del edificio se dedicara a la aplicación de la medicina veterinaria para ayudar a los animales que amaban los humanos y otra parte del edificio se dedicaba a torturar no humanos que no eran miembros de ninguna familia. Jane afirmó que realmente no tenía sentido tratar algunos perros y gatos como miembros de nuestra familia y tratar algunos perros y gatos como “instrumentos de investigación”

“Muy cierto,” dije. “Pero en muchos aspectos, somos todos exactamente igual a esos veterinarios de Penn. Tratamos algunos animales como miembros de la familia y a otros, los dañamos.”

Parecía confusa. “¿Qué quieres decir?” Yo jamás dañaría a un perro o gato.” Cambié la conversación, dejando de hablar de perros y gatos y comenzando a hablar sobre vacas, cerdos y gallinas, y acerca de cómo estos animales no son, en realidad, diferentes de los perros y los gatos. Hay algo muy extraño en el hecho de que consideramos algunos no humanos como miembros de la familia, como seres que amamos y cuya personalidad reconocemos, mientras que, al mismo tiempo, clavamos los tenedores en otros animales que no son diferentes –tanto moral como prácticamente–, de aquéllos que amamos.

Jane se quedó en silencio por un momento y entonces preguntó:

“¿Eres vegetariano?”

“Soy vegano,” respondí.

“¿Quieres decir que ni siquiera bebes leche?” preguntó.

“Correcto. No como huevos, ni ningún producto lácteo.”

“Puedo entender lo de no comer carne. Pero ¿qué está mal con los lácteos y los huevos?”

“Todo. Los animales usados en la industria láctea o de los huevos son mantenidos vivos por más tiempo que la mayoría de sus equivalentes “para carne”, son tratados peor, y terminan en el mismo horrible matadero.”

Jane parecía perturbada.

“¿Pero no es realmente difícil ser vegano?” preguntó.

“En absoluto,” le respondí. “Es increíblemente fácil y es mejor para ti y para el planeta, además de ser lo correcto si consideras a los animales nohumanos como miembros de la comunidad moral.”

Pasé unos pocos minutos hablando acerca de los beneficios para la salud de la dieta vegana y del desastre ecológico de la agricultura basada en la cría de animales.

Nuestra conversación se detuvo por unos 30 segundos y entonces Jane preguntó:

“Podrías conseguirme alguna información acerca de cómo hacerse vegano?

Claro. Dame tu dirección de email.”

Conversamos durante algunos pocos minutos más acerca de la gran varidad de alimentos veganos que ya están disponibles, y entonces nos llamaron a Robert y a mí para ver al veterinario. Jane se había ido cuando salimos. Esa tarde, le envié a Jane varias cosas para leer acerca del veganismo –tanto acerca de los temas concernientes a cuestiones morales como de salud y ambientales como así también informaciones prácticas acerca de nutrición y de cómo preparar la comida vegana de manera rápida y fácil–. Esa noche, recibí una breve respuesta: “Gracias. Lo voy a leer con interés.”

Dos semanas atrás, recibí un email de Jane –el primero que tuve después de haberle enviado este material–. El email decía, en parte:

“Ya soy un 60% vegana y estoy empeñada en llegar al 100%. Me siento mejor tanto en términos espirituales como físicos. Estoy usando la comida vegana para perros que me recomendaste ¡y ella la adora! Gracias por tu tiempo.”

Los hospitales y oficinas veterinarios son siempre lugares óptimos para comenzar conversaciones acerca del veganismo. La gente está concentrada en sus compañeros nohumanos y están emocionalmente muy abiertas a pensar, en forma más abstracta, acerca de los animales nohumanos en general. No puedo recordar siquiera haber estado en un consultorio veterinario sin que iniciara una conversación con alguien que no se desviara hacia el veganismo (y hemos tenido hasta siete cachorros de una vez, todos rescatados del abandono, así que tenemos mucha experiencia en consultorios veterinarios).

Otro lugar excelente para hablar acerca del veganismo es dentro de un avión.

Cuando piden cualquier tipo de comida especial en un vuelo, esas comidas usualmente se sirven primero. La azafata viene y pregunta si ordenaste un “comida especial.” Siempre respondo, “sí, pedí una comida vegana sin ningún producto animal de ningún tipo que sea.” La mayoría de las veces, la persona sentada a mi lado, o las dos personas sentadas a ambos lados (si estoy en el asiento del medio) me preguntan si tengo alergias o porqué pedí una comida de este tipo. Esto, por supuesto, abre la puerta para una discusión acerca de porqué es que soy vegano. Dependiendo del tiempo que pase entre que llega mi comida y la distribución de las demás, el 20% de las personas con las que conversé preguntan a la azafata, cuando llega con el carrito, si hay otra comida vegana disponible. (De hecho, nunca comienzo a comer mi comida hasta que venga el carrito, para el caso de que esto ocurra y no haya una comida vegana extra, porque así le doy la mía con felicidad a mi vecino, como ya lo hice en varias ocasiones).

Algunas de las mejores discusiones que tuve acerca de derechos animales y veganismo sucedió en los aviones, particularmente en los vuelos transatlánticos. Estás ligado a alguien cerca de 7 horas y las personas con frecuencia están felices de pasar por lo menos parte de ese tiempo hablando con quien está sentado frente a ellas.

Una de mis historias favoritas ocurrió varios años atrás. Estaba rumbo a Paris, sentado cerca de una mujer que tenía un abrigo de piel. No estaba usando el abrigo, sino que lo tenía sobre el asiento. Yo estaba leyendo una copia de mi libro «Introducción a los Derechos Animales», la cual, para ese momento, estaba con la idea de hacer una segunda edición y considerando modificaciones que podía hacer. El vuelo se retrasó dejando el aeropuerto de Newark, así que conversamos un poco acerca de las conexiones que teníamos en París. Ella vió mi libro y preguntó, “¿es un buen libro?” Sonreí y dije que era ¡un libro excelente! Me pregunto si era "un partidario de los derechos animales.” Le dijo que sí lo era, y ella pasó los próximos 30 minutos (durante los cuales continuábamos en el portón) hablando acerca de sus dos perros y de cuánto los iba a extrañar mientras estuviera en su viaje de negocios en Francia, etc.

Y entonces ella llevó el tema hacia su abrigo de piel. Dijo, “mi abrigo de piel debe ofenderlo. Le pido disculpas.” Comenzó explicándome que era un abrigo hecho con zorros “de criadero” y que los animales no eran capturados con trampas. Le expliqué cómo los animales “de granjas” son torturados de la misma manera que a los que cazan con trampas –no más ofensivo que el abrigo hecho de cuero o lana. Ella pareció quedarse perpleja al escuchar esto. “¿No usa lana o cuero?”; “No”, le respondí, “Soy vegano.”

Pasé los próximos 15 minutos (aún en el portón) explicando qué era el veganismo y asegurándole que el mismo ofrece una amplia variedad de opciones saludables y excitantes, y que es la lógica elección para cualquiera a quien le importe los animales no humanos. Entonces le sugerí que los zorros matados para hacer su abrigo de piel no eran diferentes de los perros que ella estaba tan triste por dejar en Nueva York durante dos semanas. Comenzamos entonces a hablar de la “esquizofrenia moral” que afecta e infecta nuestro pensamiento acerca de los nohumanos.

El avión despegó, las raciones comenzaron a servirse, me dieron mi comida vegana, y mi vecina preguntó inmediatamente a la azafata si había una comida vegana extra a bordo. Había una, y ella la pidió. Pasamos las próximas horas hablando acerca de derechos animales y veganismo !y confesé ser el autor del libro por el que había preguntado!

Después de 2 meses después de ese vuelo, recibí un email de esta persona. Ella había dado su abrigo de zorros a un grupo animalista que lo usaría en una demostración anti-pieles y había encargado un ejemplar de «Introducción a los Derechos Animales» y lo había leído. Estaba cambiando hacia el veganismo, usando una técnica que yo le había sugerido, en la que ella no comería ningún producto animal en una comida, luego en dos comidas, luego en tres, y después en todos los refrigerios también. Pasaron otros dos o tres meses y ella escribió de nuevo para decirme que ya era completamente vegana.

La educación vegana es desafiante. Vivimos en una cultura en la que la mayoría de la gente asume sin pensar que consumir productos animales es “normal” o “natural”. La educación vegana demanda mucho tiempo, con frecuencia significa trabajar persona por persona y emplear bastante tiempo en eso.

Pero cada día nos presenta toda una suerte de oportunidades para educar a otros y las oportunidades más efectivas son los intercambios amistosos y calmados entre dos seres humanos pensantes.

Y cada persona que se hace vegana es una contribución vital para la revolución noviolenta que con el tiempo cambiará el paradigma de los animales nohumanos como propiedad hacia el de los animales nohumanos como personas.




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