31 de julio de 2012

“Mascotas”: los problemas inherentes a la domesticación






En la práctica, simplemente no hay modo de tener una institución de propiedad de “mascotas” que sea consecuente con una teoría sensata de derechos animales. Las “mascotas” son una propiedad y, como tal, su valor será en definitiva cuestión de lo que sus “dueños” decidan.

Pero ustedes podrían preguntar: “¿Y qué si fuera posible? Si, como una cuestión hipotética, cambiamos el estatus legal de perros y gatos, de manera que no sean más propiedades y tengan un estatus legal más cercano al de los niños humanos, ¿estaría moralmente justificada nuestra continua producción de perros y gatos (y otros no humanos) y nuestra tenencia de “mascotas”?

Mi respuesta a esta cuestión puramente hipotética es “no.” No podemos justificar la perpetuación de la domesticación para el propósito de tener “mascotas.”

Los animales domesticados dependen de nosotros para todo lo que es importante en sus vidas: cuándo y dónde comen o beben, cuándo y dónde duermen o hacen sus necesidades, si reciben algún afecto o si hacen ejercicio, etc. Aunque uno pueda decir lo mismo de los niños humanos, una cantidad abrumadora de niños humanos maduran y se convierten en seres autónomos, independientes.

Los animales domésticos no son parte real o total ni de nuestro mundo ni del mundo no humano. Ellos existen para siempre en un infierno de vulnerabilidad, dependientes de nosotros para todo y a riesgo de ser dañados por un entorno que en realidad no entienden. Los hemos criado para ser obedientes y serviles, o para poseer características que son, de hecho, perjudiciales para ellos pero agradables para nosotros. Podemos hacerlos felices en un sentido, pero la relación no puede ser "natural" o "normal". Ellos no son pertenecen a nuestro mundo, independientemente de lo bien que los tratemos.

No podemos justificar dicha institución aunque se vea muy diferente de la situación que tiene actualmente. Mi pareja y yo vivimos con cinco perros rescatados, incluidos los perros que tenían problemas de salud cuando los habíamos adoptado. Los queremos mucho y hacemos un gran esfuerzo para brindarles el mejor cuidado y tratamiento. (Y antes de que alguien pregunte, ¡los siete somos veganos!) Probablemente no hay dos personas en el planeta que disfruten de vivir con los perros más que nosotros.

Y ambos alentamos que todos los que puedan adopten o cuiden tantos animales (de cualquier especie) como puedan tener en forma responsable.

Pero si quedaran dos perros en el universo, y dependiera de nosotros en cuanto a si se les permitiera criar para que pudiéramos seguir viviendo con perros, e incluso si pudiéramos garantizar que todos los perros tendrían hogares tan cariñosos como la que nosotros les proporcionamos, no dudaría ni un segundo en llevar a su fin toda la institución de la propiedad de la "mascota.”

Consideramos a los perros que conviven con nosotros como refugiados de todo tipo, y aunque nos gusta cuidar de ellos, es evidente que los seres humanos no tienen que seguir trayendo a estas criaturas a un mundo en el que simplemente no encajan.

Comprendo que muchas personas estarán desconcertadas con mi argumento respecto de los problemas inherentes a la domesticación. Pero eso es porque vivimos en un mundo en el que matamos y comemos 56 mil millones de animales por año (sin contar a los peces) y donde nuestra mejor justificación para tal práctica es que nos gusta el sabor de los cuerpos animales y de sus productos. La mayoría de los que están leyendo esto ahora probablemente no son veganos. Mientras piensen que es aceptable matar y comer animales, el argumento más abstracto respecto de la domesticación de los animales que se usan como “mascotas” probablemente no repercutirá en ustedes. Lo comprendo.

Así que tomen unos pocos minutes para leer algunos de los muchos otros ensayos en este sitio que discuten el veganismo, tales como:
Y entonces reconsideren el tema de las “mascotas.” También trato el tema de las “mascotas” en: Comentario Nº 2: "Mascotas" 

**********

Si no son veganos, por favor háganse veganos. El veganismo es acerca de la no violencia. Primero y principal, es acerca de la no violencia hacia otro ser sintiente. Pero es también respecto de la no violencia hacia la tierra y hacia ustedes mismos.

23 de julio de 2012

Veganismo y noviolencia




Si el principio de la no-violencia significa alguna cosa, significa que ustedes no pueden justificar su participación en ninguna matanza y ningún sufrimiento por razones transparentemente frívolas tales como el placer, la diversión o la conveniencia. Y hacer “con compasión” algo que no es moralmente justificable, no cambia el hecho de que es moralmente injustificable.

Cuando deciden lo que quieren comer, vestir o usar, no están actuando bajo ninguna clase de compulsión. Simplemente se dejan llevar por el placer del paladar, el sentido de la moda, etc… o permitiendo que lo que es conveniente prevalezca por encima de los intereses de otro ser sintiente.

Así que si abrazan la no-violencia pero no son veganos, necesitan pensar respecto de lo que, incuestionablemente, sería una grave falta de coherencia.


14 de julio de 2012

Animales atropellados en la carretera, huevos abandonados y comida encontrada en la basura




Con frecuencia  me preguntan si es “vegano” comer animales que murieron atropellados en la carretera, huevos abandonados de gallinas que son mantenidas como compañeras, o productos animales que encontraron en un contenedor de basura.

La respuesta breve: no.

La explicacion: aunque esas actividades no contribuyan directamente para la demanda de productos animales, son profundamente problemáticas en cuanto a una cuestión simbólica. Refuerzan la idea de que los productos animales son cosas para consumir; refuerzan la idea de que los animales son cosas, que son recursos humanos; refuerzan la práctica social de consumir animales; refuerzan la demanda incluso si no contribuyen directamente a ella.

¿Pero y qué si nadie ve que están haciendo esas cosas? En ese caso, no están involucrados en ninguna actividad que simboliza nada para nadie porque ninguno la observa o sabe de la misma. No están reforzando la demanda.

Pero ustedes están observando; ustedes saben de eso. Ustedes están participando en el acto de consumir animales; un ritual que no tiene ningún significado aparte de la celebración especista de que los animales son cosas para ser explotadas.

Ser vegano significa que rechazan la idea de que los animales son cosas para que nosotros consumamos. No son mercancías; no son recursos.

Ellos no son comida; no lo son más que un brazo humano que pudieran encontrar en el contenedor de basura.

Nunca pensaríamos en comer a un humano. Los humanos son personas morales. No comemos personas. Pero lo no humanos son personas también. Ellos tienen valor moral. Sus cuerpos y los productos hechos con ellos no son cosas para comer, incluso si los encontramos muertos en la carretera o en un contenedor de basura, o incluso si abandonan sus huevos.



12 de julio de 2012

Sintiencia





Un ser sintiente es un ser que percibe de manera consciente; un ser que tiene intereses; o sea, un ser que prefiere, desea o quiere. Esos intereses no tienen que parecerse a los intereses humanos. Si un ser tiene algún tipo de mente que pueda experimentar frustración o satisfacción o cualquier otro interés que un ser tenga, entonces es un ser sintiente.

Estamos involucrados en un pensamiento especista cuando afirmamos que un ser debe tener una mente similar a la humana para valer moralmente. Es decir, es especista afirmar que un ser debe tener un sentido reflexivo de autoconsciencia, o pensamiento conceptual o la habilidad general de experimentar la vida en el sentido que los humanos lo hacemos para tener el derecho moral a no ser usado como un recurso. Dado que hay alguien ahí que es subjetivamente consciente y que, de esa propia manera, se preocupa por lo que le pasa a él o a ella, eso es todo lo necesario para tener el derecho moral a no ser usado como un recurso.

¿Hay incertidumbre en cuanto a dónde está la línea entre sintiente y no-sintiente? Por supuesto. Sin embargo, es claro más allá de toda duda que todos los animales que rutinariamente explotamos – los peces, vacas, ovejas, cabras, pollos y otras aves, langostas, etc. son sintientes. Así que sabemos todo lo que necesitamos saber para tomar la decisión moral de dejar de comer, vestir o usar a esos animales.

¿Podemos decir con la mayor certeza posible en algún sentido empírico que las plantas son no-sintientes? Sí, por supuesto. Las plantas están vivas; las plantas reaccionan a los estímulos. Pero las plantas no responden a través de algún proceso consciente. Es decir, no hay razón alguna para creer que las plantas tienen algún tipo de mente que se preocupa acerca de lo que le pasa a la planta.

La gente con frecuencia dice que yo considero a los insectos como no-sintientes. Eso no es exacto. 

Prefiero equivocarme por el lado de la sintiencia y no matarlos intencionalmente. De hecho, soy cauteloso cuando camino para no matarlos o injuriarlos. No sé si las almejas u otros moluscos son sintientes aunque prefiero equivocarme a favor de la sintiencia y no comer o comprar productos hechos con ellos.




Pero repito: no saber dónde trazar la línea no significa que ahora mismo no sepamos lo suficiente para estar absolutamente seguros de que tenemos una obligación moral de no comer, vestir o usar animales y de que el veganismo debe ser la base moral de un movimiento que intenta conseguir justicia para los animales no humanos.

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