2 de octubre de 2011

¿Tienen fe (en el bienestar animal)?






Rechazo la reforma de bienestar animal y también las campañas de un solo tema no sólo porque no concuerdan con los reclamos de justicia que debemos hacer si realmente creemos que la explotación animal está mal, sino porque estos abordajes, en la práctica, no pueden funcionar. Los animales son propiedad y cuesta dinero proteger sus intereses; por lo tanto, el nivel de protección acordado a los intereses de los animales siempre será bajo, y los animales, en el mejor de los casos, seguirán siendo tratados de maneras que constituirían una tortura si se tratara de humanos.

Al aprobar las reformas de bienestar animal − que supuestamente hacen la explotación más “compasiva” −, o las campañas de un solo tema −que falsamente sugieren que hay una distinción moral coherente entre la carne y los lácteos o entre las pieles y la lana o entre el bistec y el paté de foie−, traicionamos el principio de justicia que dice que todos los seres sintientes son iguales para el fin de no ser usados exclusivamente como recursos humanos. Y, desde un punto de vista práctico, no hacemos nada más que conseguir que la gente se sienta mejor respecto de la explotación animal.

Sostengo que aquéllos que creen que los animales son miembros de la comunidad moral deberían, en cambio, dejar en claro que el veganismo, definido como no comer, vestir o usar animales, es la base innegociable e inequívoca, y deberían poner su trabajo y sus recursos en la educación vegana de base, que puede tomar un gran número de formas creativas, pero que nunca deberían involucrar violencia.

Aquellos que son críticos de mi punto de vista sostienen que mi posición respecto a la necesidad de una defensa vegana creativa y no violenta requiere algún tipo de fe en que tal enfoque funcionará.

Esta crítica me parece irónica, en el sentido de que parecería que si alguna posición requiere fe − definida como una creencia que se mantiene a pesar de toda evidencia empírica existente −, es la de que la reforma bienestarista y las campañas de un solo tema conducirán a alguna parte excepto a más explotación animal.

Bienestar animal: ¿por qué?

¿Porqué alguien cree que la reforma bienestarista conducirá a la abolición? Si observamos la historia de la reforma bienestarista, vemos que la mayoría de las reformas son mínimas, la mayoría ni siquiera se cumplen, y la mayoría, de hecho, incrementan la eficiencia productiva y proveen beneficios económicos a los productores. Hemos tenido el paradigma del bienestar animal desde hace 200 años y estamos explotando ahora más animales de maneras más horrorosas que en cualquier otro momento de la historia humana.

¿Por qué alguien cree que promover la explotación “feliz” está llevando a la abolición de la explotación? Usen su sentido común. La explotación “feliz” no conducirá a ningún lado excepto a que el público se sienta mejor respecto de formas concretas de explotación animal. Si así no fuera, las industrias de explotación animal, en asociación con las grandes corporaciones de bienestar animal, no invertirían todos los recursos que invierten en las campañas de explotación “feliz” y etiquetas.

¿Porqué alguien cree que, si se continúa reforzando y fortaleciendo el paradigma que trata a los animales como propiedad, vamos a abolir eventualmente la explotación animal?

¿Por qué alguien cree que las campañas de un solo tema conducirán a la abolición de la explotación? Simplemente denle un vistazo a las campañas de un solo tema de larga data, tales como las campañas anti-pieles. Esa campaña ha estado haciéndose por décadas y la industria de las pieles es más fuerte que lo que nunca ha sido. ¿Por qué? Porque no hay base de principios que pueda servir para distinguir las pieles de la lana o el cuero, o para distinguir el vestirse con animales de comerlos. Mientras que las personas no entiendan y acepten el principio moral general, fracasarán en ver el problema de los usos específicos. Y no hay ninguna respuesta para dar, como muchos defensores hacen, de que las pieles representan un uso gratuito de animales. De igual forma lo es comer animales. Comemos animales porque tienen buen sabor. Y el placer del paladar no es una mejor justificación que la moda.

Como escribí en otra nota del blog, los que apoyan la reforma bienestarista nunca tratan estas preguntas; ellos simplemente declaran que cualquier crítica es “divisiva” o que cualquier alternativa es “demasiado idealista.” En otras palabras, ellos no tienen nada que decir.

Veganismo como base moral: ¿por qué no?

Lo positivo de una defensa vegana creativa y no violenta es que desafía a las personas a aplicar un principio moral que la mayoría de las personas ya aceptan y afirman que consideran importante: que es moralmente erróneo infligir sufrimiento y muerte a los animales a menos que sea necesario, y que el placer, el entretenimiento y la conveniencia no puede ser suficiente para demostrar necesidad. Cuando las personas son confrontadas con el argumento de que criticar a Michael Vick por las peleas de perros no tiene sentido si nosotros estamos comiendo animales o productos animales, o con la similitud entre los animales que ellos aman y aquéllos que comen o visten, puede que no todos ellos se hagan veganos inmediatamente, pero al menos conseguimos que comiencen a pensar acerca del tema general del uso de los animales en términos morales. Y dado que el argumento resuena –y resonará para muchos− ellos empezarán a evaluar de un modo diferente las cuestiones de ética animal.

Si, como sostengo, no podemos justificar el uso, por más que sea “humanitario”, de los animales, entonces debemos ser claros al respecto. Debemos dejar en claro que no podemos justificar el comer, vestir o usar animales. Punto. Si aquéllos que están preocupados acerca del tema todavía no están dispuestos a dejar el uso de los animales y hacerse veganos, ellos pueden tomar cualquier paso gradual que quieran. Pero aquellos pasos graduales nunca deberían ser caracterizados como normativamente deseables si nosotros realmente creemos que el uso de los animales es injusto. Simplemente como nosotros nunca diríamos que el sexismo o el racismo “humanitario” o “feliz” es aceptable, nunca deberíamos caracterizar a la carne o a los lácteos como “humanitarios” o felices” o lo que sea como moralmente aceptable.

Finalmente, promover el veganismo como una base moral no es más una cuestión de “pureza” moral que el promover la justicia en los casos que concierne a seres humanos. Se nos dice que, aún si nos hacemos veganos, no podemos evitar el causarles daño a los no humanos. Eso es verdad. Vivir en el mundo y comprometerse en cualquier clase de acción necesariamente tiene consecuencias adversas para otros, humanos y no humanos por igual. Debemos intentar, por supuesto, causar la menor cantidad de daño que podamos a todos los seres sintientes. Pero el hecho de que no podamos evitar todo el daño no significa que no debamos al menos detener todo el daño intencional que infligimos en los no humanos sintientes, así como tampoco el que no podamos eliminar toda la violencia en el mundo significa que es moralmente aceptable para nosotros matar a otros humanos.

Si alguna vez vamos a abandonar el paradigma de la propiedad, necesitamos conseguir que la gente reconozca que el uso de los animales, aunque “humanitario,” no puede ser justificado moralmente. Confío en que la defensa vegana creativa y no violenta no sólo es consistente con la afirmación de justicia que conlleva, en mi opinión, la posición de los derechos animales, sino que es el mejor modo de alcanzar el objetivo de abandonar el paradigma de la propiedad e ir hacia la noción de los animales como personas morales.

Todos aquellos defensores de base que están comprometidos con una educación creativa y no violenta han informado que los resultados son sorprendentes; las personas reaccionan y reaccionan positivamente.

Y estoy seguro de que cualquier creencia de que la reforma de bienestar animal, las campañas de un solo tema, la explotación “feliz”, etc. nos llevará a otro lugar que no sea el de un mayor nivel de comodidad acerca de la explotación animal, requiere de una forma de fe particularmente ciega.

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Si no son veganos, por favor consideren hacerse veganos. Es fácil hacerlo; es mejor para su salud y para el planeta; y, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer.

Si son veganos, eduquen a todo aquel con quien entren en contacto respecto del veganismo, de una manera creativa y no violenta. Si realmente consideramos a los animales como miembros de la comunidad moral; si realmente creemos que no podemos justificar el sufrimiento y la muerte animal innecesarios, entonces no podemos justificar la muerte de miles de millones de animales basada en el placer del paladar.

Y por favor recuerden: el veganismo no es una cuestión de reducir el sufrimiento; es una cuestión de justicia moral fundamental. Es lo que le debemos a aquéllos que, como nosotros, valoran sus vidas y quieren seguir viviendo.


Un comentario acerca de la inteligencia parecida a la humana y el valor moral


Con frecuencia vemos noticias donde se informa que los científicos otra vez determinaron que los animales no humanos tienen ciertas características cognitivas que asociamos con la inteligencia humana. La implicación de esto es que, si los animales no humanos tienen una inteligencia parecida a la humana, entonces tienen un valor moral mayor. Cuanto “más inteligentes” son, en términos humanos, más moralmente valiosos son.

Este enfoque es problemático por varias razones:

Primero, no hay una relación lógica entre la posesión de inteligencia parecida a la humana y la moralidad de usar animales como recursos. La posesión de inteligencia parecida a la humana puede indicar que ciertos animales tienen intereses que otros animales pueden no tener. Los grandes simios no humanos, que ciertamente poseen inteligencia parecida a la humana en muchos aspectos, pueden tener intereses que los perros o los peces no tienen. Todos los seres sintientes tienen interés en no sufrir y en continuar viviendo y, necesariamente, estos intereses son frustrados al ser tratados como recursos humanos.

Proclamamos que la inteligencia humana es moralmente valiosa per se porque nosotros somos humanos. Si fuéramos aves, proclamaríamos que la habilidad para volar es moralmente valiosa per se. Si fuéramos peces, proclamaríamos que la habilidad de vivir bajo el agua es moralmente valiosa per se. Pero aparte de nuestras declaraciones, de obvio interés propio, no hay nada moralmente valioso per se acerca de la inteligencia humana.

Segundo, en la medida en que afirmamos que la inteligencia parecida a la humana es moralmente relevante, entonces necesariamente nos quedamos con la idea de que los humanos con mayor inteligencia son moralmente más valiosos que los humanos con menor inteligencia. Es verdad; no debemos tratar a todos los humanos de igual manera. Le pagamos mejor salario a un neurocirujano que a un conserje porque valoramos más las habildades del cirujano. Pero incluso asumiendo que esta diferente asignación de recursos es legítima, ¿podríamos decir que el conserje es menos valioso que el cirujano a los propósitos de decidir quién debería ser usado como donante forzado de órganos o como participante no dispuesto a un experimento doloroso? Por supuesto que no. Para el fin de ser usado exclusivamente como un recurso para otros, ambos son iguales.

Y, a menos que nosotros queramos ser especistas, debemos concluir que todos los seres sintientes —humanos o no humanos— son iguales para los fines de no ser tratados como recursos.

Tercero, el juego de “los inteligentes” es uno que los animales no humanos nunca pueden ganar. Se nos hizo saber durante décadas que los grandes simios no humanos tienen inteligencia parecida a la humana, lo cual no debería asombrarnos dada la similitud genética entre los humanos y los grandes simios no humanos. No es probable que algún otro animal no humano pueda alguna vez exhibir mayor grado de inteligencia parecida a la humana. Y, sin embargo, continuamos explotando a los grandes simios no humanos —y a muchos otros primates no humanos— en todo tipo de maneras.

El "juego de los inteligentes” es sólo eso: un juego. Es también otra razón para no acordar hoy significancia moral a los animales a favor de más investigación tonta y dañina para determinar si los demás animales pueden resolver rompecabezas matemáticos y realizar otras tareas que no tienen relevancia moral.

Ya sabemos todo lo que necesitamos saber para arribar a la conclusión de que no podemos justificar el comer o usar animales que, como nosotros, son sintientes. Ellos son perceptivamente conscientes. Ellos tienen intereses en no sufrir y en continuar viviendo.

No se necesita nada más.

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Si no son veganos, por favor consideren hacerse veganos. Es fácil hacerlo; es mejor para su salud y para el planeta; y, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer.

Si son veganos, eduquen a todo aquel con quien entren en contacto respecto del veganismo, de una manera creativa y no-violenta.




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