30 de marzo de 2011

El uso "compasivo" es un sinsentido






Los derechos animales constituyen un asunto binario: ustedes explotan a los animales o se tornan veganos.

No hay una tercera opción.

No pueden explotar “compasivamente.” Simplemente los explotan. Su “compasión” tiene que ver con sentirse mejor respecto de continuar explotando animales. La explotación “compasiva” no tiene nada que ver con la obligación de justicia que debemos a los animales nohumanos.

La justicia requiere que nosotros dejemos de usar a los animales totalmente. La explotación “humanitaria” no es nada más que una fantasía. Todo el uso de animales involucra tortura. E incluso si no lo hace, e incluso si pudiéramos tratar a los animales que explotamos de manera “humanitaria”, no podemos justificar el uso y matanza de animales para el placer de nuestro paladar, nuestro sentido de la moda, entretenimiento, o cualquier otro propósito.

Pero no hay ningún error acerca de esto: la explotación animal “compasiva” es una tontería, tal como lo es la esclavitud “compasiva” o el genocidio “compasivo.”

Si no son veganos, háganse veganos; es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer. Nunca harán nada más fácil y satisfactorio en sus vidas. 

15 de marzo de 2011

Nada que ver con la ciencia





Una vez más, nos dicen que no hay realmente diferencia significativa o cualitativa entre plantas y animales. En un artículo titutlado "No Face but Plants Like Life Too", ["Sin rostro, pero las plantas también gustan de la vida"] Carol Kaesuk Yoon escribe que, aunque ella dejó de comer carne:
«Mi entrada en lo que parecía ser el plano moral superior fue sorprendentemente desagradable. Me sentí asediada no sólo por un deseo extrañamente intenso de pollo, sino también por pesadillas en las que estaba comiendo un magnífico y jugoso bistec –podía saborear perfectamente la deliciosa grasa −, de la que me despertaba presa del pánico, hasta que me daba cuenta de que había sido carnívora sólo en mi imaginación. 
Las tentaciones y las pruebas estaban por doquier. La más sorprendente resultó ser la comprensión de que no podía de hecho explicarme a mí misma o nadie más porqué matar un animal era algo peor que matar a las muchas plantas que yo ahora estaba comiendo.»
Ella descubrió que:
«Formular una razón verdaderamente racional para no comer animales, al menos mientras se consume toda clase de otros organismos, era difícil, tal vez incluso imposible.»
Ella dijo:
«A las plantas no parece importarles ser matadas, al menos hasta donde podemos observar. Pero tal vez sea ésa exactamente la dificultad. 
A diferencia de una vaca que corre mugiendo, las reacciones de las plantas a un ataque son para nosotros mucho más difíciles de detectar. Pero, de igual manera que un pollo corriendo por alrededor sin su cabeza, el cuerpo de una planta de maíz arrancada del suelo o rebanada en piezas lucha por salvarse a sí mismo, tan vigorosa y tan inútilmente como el pollo, si bien de forma mucho menos obvia para el oído y el ojo humano.»
Lo problemático de este artículo es que está en la sección de Ciencia del New York Times. Pero no hay ciencia aquí.

Primero, no hay ninguna duda de que las plantas están vivas y de que conducen todo tipo de complicados procesos. Pero hay una diferencia crucial entre las plantas y los animales.

La diferencia entre el animal y la planta implica la sintiencia. Eso es, los no humanos –o al menos aquéllos que explotamos rutinariamente−, son claramente conscientes de percepciones sensitivas. Lo seres sintientes tienen mentes; ellos tienen preferencias, deseos o necesidades. Esto no significa decir que las mentes de los animales son como las mentes de los humanos.

Por ejemplo, las mentes de los humanos, que usan el lenguaje simbólico para navegar por el mundo, pueden ser muy diferentes de las mentes de los murciélagos, que usan la ecolocación para navegar por los suyos. Es difícil saberlo. Pero es irrelevante; el humano y el murciélago, ambos, son sintientes. Ambos son esa clase de seres que tienen intereses; ambos tienen preferencias, deseos, o necesidades. El humano y el murciélago pueden pensar diferente respecto de esos intereses, pero no puede haber una duda seria de que ambos tienen intereses, incluyendo un interés de evitar el dolor y el sufrimiento y un interés en continuar existiendo.

Las plantas son cualitativamente diferentes de los humanos y de los no-humanos sintientes porque las plantas, por cierto, están vivas, pero no son sintientes. Las plantas no tienen intereses. No hay nada que una planta desee, o necesite, o prefiera porque no hay una mente ahí para involucrarse en esas actividades cognitivas. Cuando decimos que una planta “necesita” o “quiere” agua, no estamos haciendo una afirmación respecto al estado mental de la planta, así como tampoco la hacemos cuando decimos que el motor de un auto “necesita” o “quiere” aceite. Puede ser por mi propio interés que pongo aceite en mi auto. Pero no es por el interés de mi auto; mi auto no tiene ningún interés.

Una planta puede responder a la luz del sol y otros estímulos pero eso no significa que la planta sea sintiente. Si paso una corriente eléctrica a través de un alambre adjunto a una campana, la campana suena. Pero eso no significa que la campana sea sintiente. Las plantas no tienen sistemas nerviosos, receptores de benzodiacepina o cualquiera de las características que identificamos con la sintiencia. Y todo esto tiene base científica. ¿Porqué las plantas desarrollarían la capacidad de sentir cuando no pueden hacer nada en respuesta a un acto que las daña? Si arriman una llama de fuego a una planta, la planta no puede correr; permanece ahí donde está y arde. Si arriman una llama a un perro, el perro hace exactamente lo que ustedes harían –grita preso del dolor y tratar de escapar de la llama−. La sintiencia es una característica que evolucionó en ciertos seres para hacerlos capaces de sobrevivir escapando de los estímulos nocivos. La sintiencia no serviría a ningún propósito a una planta; las plantas no pueden “escapar.”

Incluso los jainistas, que consideran que las plantas tienen un sentido (el tacto) reconocen que plantas y animales (incluyendo los insectos) son cualitativamente diferentes y prohíben comer animales, pero no prohíben la ingesta de plantas.

Segundo, si Ms. Yoon estuviera realmente preocupada respecto de la explotación de las plantas, entonces ella debería reconocer que al comer productos animales, de hecho está consumiendo más plantas que las que consumiría si estuviera comiendo plantas directamente. Se necesitan muchos kilos de plantas para producir un kilo de carne. Entonces, cuando Ms. Yoon se sienta a comer ese “magnífico y jugoso bistec,” está consumiendo cerca de 5 kilos y medio de plantas.

Por lo tanto, si las plantas importan moralmente y Ms.Yoon se preocupa por la moral, entonces, a menos que vaya a ayunar hasta morir, está moralmente obligada a comer plantas porque comerá menos plantas si consume plantas directamente, y evitará el sufrimiento y muerte de los mamíferos, aves o peces, que son todos claramente sintientes en el modo en que los humanos son sintientes (a pesar de cualquier diferencia cognitiva entre humanos y otros animales).

Ms. Yoon argumenta que podemos dudar de que a algunos animales, tales como las esponjas, carezcan de sensibilidad. Aunque es verdad que siempre hay áreas grises, estoy seguro de que Ms. Yoon no come muchas esponjas. Los animales que rutinariamente consumimos –vacas, pollos, cerdos, peces− todos son, sin ningún cuestionamiento, sintientes.

Entonces, ¿de qué trata este ensayo al final de cuentas?

La respuesta está en el último párrafo, que comienza:
«Mis esfuerzos por renunciar a la carne no duraron más de un par de años.»
Ms. Yoon no quería seguir siendo vegetariana. Ella estaba echando de menos aquel “magnífico y jugoso bistec.” Tenía que decirse a sí misma que no hay realmente ninguna diferencia entre plantas y animales, así que es todo lo mismo, y entonces ella puede comer el bistec con el que estaba soñando. Pero realmente esto no tiene nada que ver con la ciencia.

No hay nada mejor para suscitar una repentina y ferviente preocupación por las plantas que una propuesta a alguien de no comer productos animales o el deseo de retornar a comerlos. Nada.

*****

Si no son veganos, háganse veganos. Es fácil, es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer.

Porqué el veganismo debe ser la base






Imaginen que están hablando con un grupo de personas que son fanáticas de los automóviles clásicos y que conducen sólo por el placer de conducir y no por ningún propósito en particular. De hecho, estas personas creen que manejar automóviles clásicos por placer es una tradición importante, una parte crucial de su cultura y, cada día, ellos entran en sus automóviles y los conducen sólo porque lo disfrutan muchísimo y lo consideran como parte integral de lo que ellos son.

Si fueran a tratar de argumentar, a este grupo de personas, que es moralmente incorrecto el uso de sus autos para manejar rumbo al consultorio del médico para un chequeo médico o análisis, o llevar al miembro herido de una familia a la sala de emergencias, ellos en su mayoría ciertamente pensarían que la postura de ustedes no tiene ningún sentido. Después de todo, ellos piensan que es aceptable manejar simplemente por placer. Verdaderamente, manejar por placer es un aspecto importante de sus vidas. ¿Por qué aceptarían que manejar por una razón importante es algo malo cuando ellos piensan que manejar sólo por el placer de manejar es algo bueno?

Imaginen una segunda posibilidad. En vez de tratar de persuadir a este grupo de personas de que manejar por una razón médica importante está mal, ustedes sostienen que manejar por placer hacia un destino determinado, que no es diferente de cualquier otro destino, está mal. De nuevo, este grupo de conductores por placer encontrarían que la postura de ustedes es bizarra, porque es completamente arbitraria. ¿Porqué manejar por placer hacia un lugar es diferente de manejar hacia otro lugar? Y si ellos aceptaran que manejar hacia algún lugar elegido arbitrariamente está mal, eso dejaría abierta la cuestión de si manejar por placer en general está mal. Su preciada actividad estaría amenazada.

Esta simple hipótesis nos ayudará a entender las razones morales, lógicas y psicológicas de porqué el veganismo debe ser la base del movimiento de los derechos animales y porqué las campañas de un solo tema no tienen ningún sentido.

Comer animales: sufrimiento y muerte por el placer del paladar

La mayoría de las personas comen cuerpos de animales y sus productos. Ninguno sostiene que tenemos necesidad de comer estos productos para una salud óptima; al contrario, la corriente médica dominante argumenta, cada vez más, que los productos animales van en detrimento de la salud humana. Pero, tanto si la comida con animales va en detrimento o no, ciertamente no es necesaria. Incluso la conservadora American Dietetic Association lo reconoce:
«La posición de la American Dietetic Association es que las dietas vegetarianas apropiadamente planificadas, incluyendo las dietas veganas, son sanas, nutricionalmente adecuadas y pueden proveer beneficios a la salud en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para los individuos durante todas las etapas de la vida, incluyendo el embarazo, la lactancia, la primera infancia, la niñez y la adolescencia, y para los atletas.»

Y sabemos que la cría de animales para comida es un desastre ecológico.

La única justificación que tenemos para infligir un terrible sufrimiento —bajo las condiciones más “humanitarias”— y la muerte a 56 mil millones de animales terrestres y a un número desconocido, pero probablemente de igual forma escalofriante, de peces y otros animales acuáticos, es que nos gusta su sabor. Estamos involucrados en esta matanza impresionante por razones de placer, entretenimiento y conveniencia. Consumir animales por ninguna otra buena razón es una parte importante de la vida diaria de la mayoría de las personas. De hecho, muchas personas consideran esta completamente innecesaria imposición de sufrimiento y muerte horrorosos como una tradición importante; algo que integra nuestro supuesto “excepcionalismo humano”


Vivisección

Ahora imaginen que toman la postura de que el uso de animales en experimentos biomédicos es erróneo. Tal como argumenté, hay serios cuestionamientos en relación a la necesidad de la vivisección como cuestión empírica, y no hay ninguna justificación moral para la vivisección. Pero el público, de manera abrumadora, cree que la vivisección es importante para la salud humana.

¿Porqué razón las personas que piensan que es aceptable infligir sufrimiento y muerte a los animales por razones de placer, pensarían que hay algo moralmente erróneo en el uso de animales para un propósito que, de hecho, ellos consideran –equivocadamente, en mi opinión– que es necesario y beneficioso? ¿Porqué las personas que están dispuestas a llenar sus arterias con grasa animal porque les gusta el sabor de la comida animal, no estarían dispuestas a apoyar la matanza de más animales porque piensan –otra vez, erróneamente, en mi opinión– que las muertes adicionales resultarán en una cura para sus problemas de salud?

La respuesta es clara: ellos no lo pensarán. No pueden hacerlo.

Argumentar con las personas que comen productos animales que la vivisección es moralmente errónea es como argumentar a los fanáticos de los autos clásicos que manejar por una razón importante es moralmente incorrecto. Estos fanáticos piensan que manejar por una razón trivial de placer simplemente está bien. ¿Por qué pensarían que hay algo erróneo en el hecho de manejar hacia el consultorio del médico para un chequeo médico o hacia la sala de emergencias? Y si ellos aceptaran que manejar por una razón importante es algo erróneo, su preciada actividad estaría en serio riesgo, como cuestión en general.

Ésta es la razón por la que, a pesar de los 200 años de campañas contra la vivisección, la práctica no sólo continúa sino que el número de animales usados en experimentos biomédicos, de hecho, está aumentando.

Otras campañas de un solo tema

Consideren ahora las campañas de un solo tema diferentes de las de la vivisección, tales como las campañas contra tipos particulares de caza deportiva, o las campañas contra el uso de animales salvajes en los circos, o las campañas contra las pieles. Estas campañas son análogas a seleccionar arbitrariamente un destino y decir a nuestros fanáticos de los autos clásicos que manejar hacia tal destino es erróneo o peor que manejar hacia otro destino. Ellos piensan que está bien manejar por placer, así que, ¿por qué pensarían que manejar hacia un destino seleccionado arbitrariamente es erróneo?

Otra vez, ellos no lo pensarán. No pueden hacerlo.

De manera similar, aquéllos que consumen productos animales piensan que es moralmente aceptable infligir sufrimiento y muerte a los animales por el placer del paladar y participan en este uso de los animales cada día, varias veces por día. ¿Por qué pensarían que cazar está mal, cuando ellos van al supermercado y compran productos elaborados con animales que han sufrido tanto, si no más, como los animales que son cazados? ¿Por qué pensarían que usar animales por otras razones triviales es moralmente inaceptable? Ellos comen animales por placer. Y van a los zoológicos y a las corridas de caballos, ¿por qué pensarían que los animales salvajes en los circos presentan un problema en particular? Ellos usan lana y cuero, los cuales representan una tremenda cantidad de sufrimiento animal. ¿Por qué tendrían un problema particular con las pieles?

Ésa es la razón por la que, a pesar de décadas de campañas de un solo tema contra la caza, el “deporte” persiste; ésa es la razón por la que la campaña de un solo tema que ha existido por más tiempo en la historia de la defensa animal —la campaña contra las pieles— ha sido un absoluto fracaso. Aunque tales campañas puedan generar algún interés, la realidad es que ellas deben en última instancia fracasar en una cultura que considera el consumo de animales para comida como aceptable.

Mientras vivamos en una cultura que no cuestiona el uso de animales para comida —otra vez, no sólo el trato de los animales sino el uso de los animales— las personas en general nunca van a adoptar las campañas de un solo tema de una manera masiva. La mayoría de las personas verán a estas campañas como arbitrarias. La mayoría de las personas reconocerán que los usos de los animales que son el objetivo de las campañas de un solo tema no son peores que los usos que ellos consideran como aceptables. Y ellos están dispuestos a involucrarse en la explotación innecesaria cada día de sus vidas; ¿por qué tendrían algún problema con otro uso de los animales que también es innecesario?

Recientemente, conversé con alguien que estaba involucrado en una campaña contra la caza en un parque determinado. Se apartó de su campaña y me explicó que decidió que lo que los cazadores estaban haciendo no difería de lo que él estaba haciendo al comprar y comer carne proveniente de su supermercado local y, dado que ciertamente no iba a dejar de hacerlo, no podía ver la lógica de oponerse a la caza.

Y, por supuesto, estaba acertado. Cazar es una actividad espantosa y es muy perturbador que cualquiera, de hecho, disfrute matando a un ciervo o a un conejo. Pero, ¿cuál es la diferencia entre comer animales que son cazados y aquellos cuyos cuerpos son adquiridos en un negocio? La respuesta es que no hay diferencia. Ciertamente, el animal cuyo cuerpo fue adquirido en el negocio puede, de hecho, haber tenido una vida y una muerte peor –incluso si el animal fue un animal criado “feliz” en una granja “feliz” y asesinado en un matadero diseñado por Temple Grandin– que el animal que fue cazado.

Estuve conversando con otra persona que estuvo involucrada por años en una campaña para detener la matanza de focas. Ella se apartó de esa campaña porque decidió que no había realmente diferencia entre la piel de las focas y la piel, la lana o el pelo de ningún otro animal y, dado que ella no iba a dejar de usar a todos los animales para vestirse, la campaña por las focas estaba verdaderamente sólo basada en el hecho de que los grupos animalistas podían sacar partido del hecho de que las focas eran adorablemente bonitas, y que eso verdaderamente no era una buena base para una posición moral.

Y, por supuesto, ella estaba en lo cierto. La piel de las focas no es diferente de la de ninguna otra clase de piel y la piel no es diferente de la lana o el cuero. Todas son terribles y nosotros no deberíamos usar ninguna prenda proveniente de animales. Simplemente no es necesario. Pero entonces, tampoco deberíamos comer peces, lácteos, huevos, etc. Y mientras pensemos que comer animales es aceptable, cuestionar otros usos innecesarios, o caracterizar una clase de uso como peor que otro uso, aparecerá como algo arbitrario porque es arbitrario.

En 2007, escribí un artículo de opinión para un diario, el cual fue publicado nuevamente en el 2009, argumentando que las peleas de perros de Michael Vick no eran, como cuestión moral, diferente de nuestro consumo de productos animales. Recibí literalmente miles de respuestas a ese artículo. Muchas personas concuerdan con mi posición; muchas personas han dicho que el artículo los incitó a pensar acerca del veganismo; muchas dijeron que se tornaron veganas después de pensar respecto de mi argumento. Pero ninguna —ninguna— de las que no estuvieron de acuerdo con mi posición fueron capaces de decir porqué lo que Vick hizo era peor que lo que hacemos el resto de nosotros. Eso es porque no hay un modo coherente de distinguir lo que hizo Vick de lo que hacen todos los demás.

En el 2009, cuando Vick salió de la cárcel y firmó con Philadelphia Eagles, hablé con un hombre que me dijo que, aunque era un gran admirador de Eagles y continuaría yendo a los partidos, él nunca podría disfrutar viendo a Vick jugar, debido al tema de las peleas de perros. Le pregunté si él comía panchos y hamburguesas cuando asistía a los partidos de fútbol. Dijo “sí.” Le señalé que los animales usados para hacer los productos que él disfrutaba tuvieron vidas y muertes peores que los perros de Vick.

Él no tuvo una respuesta. Eso es porque no hay ninguna respuesta.

Conclusión

La base es clara: a menos que y hasta que consigamos que las personas se cuestionen y rechacen su diario y completamente innecesario consumo de animales, no tendremos éxito en conseguir que se opongan seriamente al uso de los animales que ellos consideran como necesario o no trivial, como la vivisección, u otro uso innecesario que ellos, con bastante corrección, consideran elegido arbitrariamente por los defensores de los animales, y al que no lo ven peor que los usos que ellos mismos apoyan y con los que se involucran cada día de sus vidas.

El veganismo debe ser la base si vamos a tener cualquier esperanza de cambiar el paradigma del uso de los animales como cosas hacia el de los animales como personas no humanas.

*****

Si no son veganos, háganse veganos; es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer. Nunca harán nada más fácil y satisfactorio en sus vidas.

3 de marzo de 2011

La Ciencia Dictamina: La Reforma Bienestarista Es Inútil



Los defensores de la reforma bienestarista están eufóricos. Están difundiendo un artículo del Journal of Agricultural Economics titulado: "El Impacto del Bienestar Animal En El Consumo De Carne", y los bienestaristas claman que: "La Ciencia Ha Dictaminiado Que Las Reformas De Bienestar Animal Consiguen Que La Gente Consuma Menos Carne".

[Nota: El artículo del Journal of Agricultural Economics, que fue originalmente publicado ya no está disponible y sólo se puede acceder mediante suscripción a la revista. Pero el borrador del artículo titulado: "Cobertura Mediática Del Manejo y Bienestar Animal: Influencia En El Consumo De Carne", está disponible aquí.]

Estoy consultando a académicos especializados en economía y estadística para poder presentar una réplica al estudio, el cual padece de varios problemas en la metodología y está pobremente diseñado. Pero puedo sugerir que un análisis conciso sobre el artículo indica que las proclamas de los bienestaristas son, como mínimo, exageradas.

En primer lugar, el consumo de carne está aumentando y no disminuyendo. El estudio no dice que las campañas bienestaristas hayan provocado ningún descenso del consumo. De hecho, dice que la demanda, estimada sobre el último periodo de diez años, no se incrementó tanto como los autores habrían previsto si la atención mediática sobre la cuestión del bienestar animal no se hubiera incrementado. Los autores reconocen que esa reducción en el incremento de la demanda es "pequeña, pero estadísticamente significativa".

Hay muchos más problemas con el estudio. Por ejemplo, los autores no fueron capaces de encontrar el mismo "pequeño" resultado en el caso de las vacas. Más aún, los autores señalan que "este descenso en la demanda se debe más bien a una salida del consumo de carne que a una renovación de la demanda dirigida a otro tipo de carnes". Ellos definen el consumo de carne incluyendo vacas, cerdos y aves. El bajo nivel en el incremento de la demanda, que es pequeño según afirman los autores, podría haberse redirigido hacia otros productos de origen animal que no forman parte del consumo de carne. Los autores también claran que hay problemas para conectar los resultados hallados con la cuestión del bienestar animal.

En resumen: el consumo de animales está aumentando pero no se incrementó tanto respecto de cerdos y pollos y esto podría ser debido al bienestar animal, pero podría ser que no tuviera nada que ver con la cuestión del bienestar animal y cualquier descenso en el incremento de la demanda podría ser debido a una redirección hacia el consumo de peces, huevos, productos lácteos y productos cárnicos procesados.

¿Y los bienestaristas están entusiasmados con esto?

Durante los últimos diez años, las organizaciones bienestaristas han gastado millones de dólares promoviendo campañas bienestaristas. Dejando a un lado los problemas metodológicos del estudio, si esto es lo mejor que los bienestaristas pueden ofrecernos, entonces estoy de acuerdo con lo que la ciencia ha demostrado: la reforma del bienestar animal es inútil y completamente inefectiva.

Más adelante expondré nuevas consideraciones más formales según aparezcan nuevos resultados.

Posdata añadida el 1 de agosto de 2013

Después de mi ensayo de marzo de 2011, mi interés en elaborar una respuesta formal fue disminuyendo en parte debido a que el estudio era tan obviamente defectuoso —e inapropiado para el propósito que los bienestaristas pretendían— que me parecía una pérdida inútil de tiempo. Además de que los expertos en estadística que consulté estaban muy ocupados. Por tanto, el asunto perdió por completo mi atención.

Sin embargo, cuando expuse una conferencia en el "Animal Rights 2013 Conference" hace unas semanas, escuché a gente de Farm Sanctuary y de Humane Leage diciendo que el estudio prueba que "millones" de animales han sido salvados gracias a las reformas bienestaristas. Eso es increíble e insensato.

Todavía no tengo claro que el estudio merezca siquiera una respuesta formal teniendo en cuenta que hay otras tareas más importantes que necesitan ser atendidas. Y, francamente, la gente que quiere creer en la propaganda de la explotación "feliz" suministrada por los bienestaristas no se vería disuadida en ninguna forma aunque pudieran leer algo que refutara el estudio en cuestión.

La clave de la cuestión, como ya señalé en mi análisis previo, es que el estudio dice que:
«El consumo de animales está aumentando pero no se incrementó tanto respecto de cerdos y pollos y esto podría ser debido al bienestar animal, pero podría ser que no tuviera nada que ver con la cuestión del bienestar animal y cualquier descenso en el incremento de la demanda podría ser debido a una redirección hacia el consumo de peces, huevos, productos lácteos y productos cárnicos procesados.»
En otras palabras, el hecho de que el incremento en el consumo de cerdos y pollos no esté yendo tan rápido como se esperaba —aunque no sucede lo mismo con el consumo de carne vacuna a pesar de las muchas campañas focalizadas en el bienestar de las vacas— podría estar asociado a las campañas bienestaristas. Pero también podría estar asociado al clima, la salud, la economía o podría deberse al activismo de quienes defienden que el veganismo es una base moral y no tener nada que ver con las campañas reformistas del bienestar animal, o podría estar conextado a muchas otras cosas que no tienen que ver con las campañas bienestaristas.

En conclusión, si alguien cree que este estudio demuestra que las campañas reformistas del bienestar animal causan o tienden a que la gente se haga vegana es porque quiere creerlo, no porque el estudio apoye semejante creencia.


¿Y los otros cuatro perros?




El viernes 25 de febrero, un agente del centro de control animal de Oklahoma aplicó inyecciones letales a cinco perros en situación de calle. El sábado, el agente descubrió que uno de los perros, un cachorro al cual le había dado dos inyecciones letales, todavía estaba vivo. El cachorro fue llevado a un veterinario, que puso una nota con la sobrevivencia del perro en un sitio web de adopción de animales. Y ahora, cientos de personas de los EE.UU. y Canadá están tratando de adoptar al perro.

¿Por qué?

Millones de animales sanos son matados cada año en los refugios porque nadie los quiere. Y ahora, porque este perro escapó de la muerte de un modo aparentemente milagroso, cientos de personas quieren adoptarlo. De acuerdo a un comentario, “la gente está interesada en el cachorro porque su historia es única.”

Esta historia es similar a las historias acerca de los animales criados para comida  que escapan de los mataderos y son entonces llevados a vivir el resto de sus vidas a una casa particular. Ellos, también, son “especiales.” Ellos escaparon de la explotación institucionalizada que hemos establecido. Ellos escaparon de la muerte.

Muchas personas piensan que cuando un animal escapa de la muerte de este modo, se trata de alguna clase de señal divina. Estos tipos de evento, irónicamente, refuerzan nuestra idea de que, debido a que no hay ninguna intervención divina para todos los otros animales que son asesinados en los “refugios” o en los mataderos, entonces este es la manera en que las cosas deben ser para aquellos otros animales. Ellos son asesinados como parte del orden “natural.”

Mi opinión es que si Dios existe, ella/él está preocupado respecto de los cuatro otros perros que fueron matados el viernes por el agente de Oklahoma, los millones de otros que son asesinados en “refugios,” y los miles de millones que son asesinados por ninguna otra razón mejor que la de que somos tan egoístas que pensamos que nuestro placer  justifica privar a otro ser sintiente de su vida.

Y cualquiera sea la opinión de Dios acerca de la situación, sugiero que nuestras reacciones, en esta clase de situaciones, deberían obligarnos a pensar respecto de porqué nos involucramos en la injusticia de la explotación animal, en vez de pensar que sólo los animales “afortunados” que escapan de nuestra injusticia institucionalizada, son los que importan moralmente.

Si no son veganos, háganse veganos; es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer. Nunca harán nada más fácil y satisfactorio en sus vidas.

Y, si pueden, adopten o den hogar de tránsito a animales sin hogar. Nosotros los metimos en este lío; nosotros tenemos la obligación colectiva de ayudarlos a salir de él. Está repleto de perros, gatos y otros animales sin hogar en el área en que viven. Y ellos son todos especiales.



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