15 de marzo de 2011

Nada que ver con la ciencia





Una vez más, nos dicen que no hay realmente diferencia significativa o cualitativa entre plantas y animales. En un artículo titutlado "No Face but Plants Like Life Too", ["Sin rostro, pero las plantas también gustan de la vida"] Carol Kaesuk Yoon escribe que, aunque ella dejó de comer carne:
«Mi entrada en lo que parecía ser el plano moral superior fue sorprendentemente desagradable. Me sentí asediada no sólo por un deseo extrañamente intenso de pollo, sino también por pesadillas en las que estaba comiendo un magnífico y jugoso bistec –podía saborear perfectamente la deliciosa grasa −, de la que me despertaba presa del pánico, hasta que me daba cuenta de que había sido carnívora sólo en mi imaginación. 
Las tentaciones y las pruebas estaban por doquier. La más sorprendente resultó ser la comprensión de que no podía de hecho explicarme a mí misma o nadie más porqué matar un animal era algo peor que matar a las muchas plantas que yo ahora estaba comiendo.»
Ella descubrió que:
«Formular una razón verdaderamente racional para no comer animales, al menos mientras se consume toda clase de otros organismos, era difícil, tal vez incluso imposible.»
Ella dijo:
«A las plantas no parece importarles ser matadas, al menos hasta donde podemos observar. Pero tal vez sea ésa exactamente la dificultad. 
A diferencia de una vaca que corre mugiendo, las reacciones de las plantas a un ataque son para nosotros mucho más difíciles de detectar. Pero, de igual manera que un pollo corriendo por alrededor sin su cabeza, el cuerpo de una planta de maíz arrancada del suelo o rebanada en piezas lucha por salvarse a sí mismo, tan vigorosa y tan inútilmente como el pollo, si bien de forma mucho menos obvia para el oído y el ojo humano.»
Lo problemático de este artículo es que está en la sección de Ciencia del New York Times. Pero no hay ciencia aquí.

Primero, no hay ninguna duda de que las plantas están vivas y de que conducen todo tipo de complicados procesos. Pero hay una diferencia crucial entre las plantas y los animales.

La diferencia entre el animal y la planta implica la sintiencia. Eso es, los no humanos –o al menos aquéllos que explotamos rutinariamente−, son claramente conscientes de percepciones sensitivas. Lo seres sintientes tienen mentes; ellos tienen preferencias, deseos o necesidades. Esto no significa decir que las mentes de los animales son como las mentes de los humanos.

Por ejemplo, las mentes de los humanos, que usan el lenguaje simbólico para navegar por el mundo, pueden ser muy diferentes de las mentes de los murciélagos, que usan la ecolocación para navegar por los suyos. Es difícil saberlo. Pero es irrelevante; el humano y el murciélago, ambos, son sintientes. Ambos son esa clase de seres que tienen intereses; ambos tienen preferencias, deseos, o necesidades. El humano y el murciélago pueden pensar diferente respecto de esos intereses, pero no puede haber una duda seria de que ambos tienen intereses, incluyendo un interés de evitar el dolor y el sufrimiento y un interés en continuar existiendo.

Las plantas son cualitativamente diferentes de los humanos y de los no-humanos sintientes porque las plantas, por cierto, están vivas, pero no son sintientes. Las plantas no tienen intereses. No hay nada que una planta desee, o necesite, o prefiera porque no hay una mente ahí para involucrarse en esas actividades cognitivas. Cuando decimos que una planta “necesita” o “quiere” agua, no estamos haciendo una afirmación respecto al estado mental de la planta, así como tampoco la hacemos cuando decimos que el motor de un auto “necesita” o “quiere” aceite. Puede ser por mi propio interés que pongo aceite en mi auto. Pero no es por el interés de mi auto; mi auto no tiene ningún interés.

Una planta puede responder a la luz del sol y otros estímulos pero eso no significa que la planta sea sintiente. Si paso una corriente eléctrica a través de un alambre adjunto a una campana, la campana suena. Pero eso no significa que la campana sea sintiente. Las plantas no tienen sistemas nerviosos, receptores de benzodiacepina o cualquiera de las características que identificamos con la sintiencia. Y todo esto tiene base científica. ¿Porqué las plantas desarrollarían la capacidad de sentir cuando no pueden hacer nada en respuesta a un acto que las daña? Si arriman una llama de fuego a una planta, la planta no puede correr; permanece ahí donde está y arde. Si arriman una llama a un perro, el perro hace exactamente lo que ustedes harían –grita preso del dolor y tratar de escapar de la llama−. La sintiencia es una característica que evolucionó en ciertos seres para hacerlos capaces de sobrevivir escapando de los estímulos nocivos. La sintiencia no serviría a ningún propósito a una planta; las plantas no pueden “escapar.”

Incluso los jainistas, que consideran que las plantas tienen un sentido (el tacto) reconocen que plantas y animales (incluyendo los insectos) son cualitativamente diferentes y prohíben comer animales, pero no prohíben la ingesta de plantas.

Segundo, si Ms. Yoon estuviera realmente preocupada respecto de la explotación de las plantas, entonces ella debería reconocer que al comer productos animales, de hecho está consumiendo más plantas que las que consumiría si estuviera comiendo plantas directamente. Se necesitan muchos kilos de plantas para producir un kilo de carne. Entonces, cuando Ms. Yoon se sienta a comer ese “magnífico y jugoso bistec,” está consumiendo cerca de 5 kilos y medio de plantas.

Por lo tanto, si las plantas importan moralmente y Ms.Yoon se preocupa por la moral, entonces, a menos que vaya a ayunar hasta morir, está moralmente obligada a comer plantas porque comerá menos plantas si consume plantas directamente, y evitará el sufrimiento y muerte de los mamíferos, aves o peces, que son todos claramente sintientes en el modo en que los humanos son sintientes (a pesar de cualquier diferencia cognitiva entre humanos y otros animales).

Ms. Yoon argumenta que podemos dudar de que a algunos animales, tales como las esponjas, carezcan de sensibilidad. Aunque es verdad que siempre hay áreas grises, estoy seguro de que Ms. Yoon no come muchas esponjas. Los animales que rutinariamente consumimos –vacas, pollos, cerdos, peces− todos son, sin ningún cuestionamiento, sintientes.

Entonces, ¿de qué trata este ensayo al final de cuentas?

La respuesta está en el último párrafo, que comienza:
«Mis esfuerzos por renunciar a la carne no duraron más de un par de años.»
Ms. Yoon no quería seguir siendo vegetariana. Ella estaba echando de menos aquel “magnífico y jugoso bistec.” Tenía que decirse a sí misma que no hay realmente ninguna diferencia entre plantas y animales, así que es todo lo mismo, y entonces ella puede comer el bistec con el que estaba soñando. Pero realmente esto no tiene nada que ver con la ciencia.

No hay nada mejor para suscitar una repentina y ferviente preocupación por las plantas que una propuesta a alguien de no comer productos animales o el deseo de retornar a comerlos. Nada.

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Si no son veganos, háganse veganos. Es fácil, es mejor para su salud y para el planeta. Pero, lo más importante, es lo moralmente correcto para hacer.

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