31 de julio de 2017

Daiya, la experimentación animal y el significado de 'vegano'




Algunas personas están enojadas acerca del hecho de que la compañía Daiya haya sido adquirida por otra que es conocida por experimentar en animales. Proclaman que los productos de Daiya ya no son "veganos".

Eso es una tontería.

No es diferente de alegar que comprar brócoli congelado no es vegano porque lo produce una empresa que también manufactura productos hechos con carne/lácteos/huevos. No es diferente de alegar que los vegetales que compramos en el mercado no son veganos porque el granjero no es vegano y puede usar el dinero para comprar productos animales. No hay diferencia entre la experimentación en animales y cualquier otra forma de explotación animal. Todas son moralmente injustificables. Pero no es relevante acerca de si determinado producto contiene sustancias de origen animal. Y esto es lo único que determina si una cosa en particular es apta para que un vegano la consuma.

Una compañía puede fabricar un producto que no contenga sustancias de origen animal y no testarlo en animales, pero puede fabricar otros productos que contentan sustancias de origen animal. No hay diferencia moral entre explotar animales para experimentar en ellos y explotarlos para cualquier otro propósito. Muchos animalistas parecen creer que la experimentación animal es moralmente más objetable que otras formas de explotación animal. De este modo, muchos animalistas creen que la piel es moralmente más objetable que el cuero o la lana; o que consumir foie-gras es moralmente más objetable que consumir pollos o peces; o que la caza es moralmente más objetable que pagar a alguien para que inflija sufrimiento y muerte a los animales para luego empaquetar sus cadáveres en una bandeja para el supermercado. Muchos animalistas están influenciados por las campañas monotemáticas que son una gran herramienta de recaudación financiera pero que son un obstáculo para pensar con claridad acerca de la ética.

¿Dónde compra la gente los productos de Daiya? Los compran en un supermercado que vende toneladas de productos animales, o en "tiendas de salud" que venden productos de animales "felices". De hecho, mucha gente que compra productos Daiya en lugares como Whole Foods, que promueve sistemáticamente la "explotación feliz" y que es premiada por las organizaciones corporativas. ¿En qué se diferencia la experimentación animal de la explotación que vergonzosamente promueven esos grupos bienestaristas "en defensa de los animales"? Incluso si la tienda en la que compraron un producto Daiya fuera exclusivamente vegano y los propietarios y los empleados fueran veganos —algo muy poco probable— ese producto fue transportado por gente que no es vegana.  ¿Todos los que trabajan en Daiya son veganos y son veganos todos los que están involucrados en la producción de estos productos? ¿Todos los proveedores de Daiya son veganos? Si Daiya no es vegana debido a que fue comprada por una empresa que experimenta en animales, tampoco era vegana antes de esto. De hecho, según este razonamiento, nunca fue vegana.

Lo que determina si un producto es apto para veganos es lo que es en sí mismo. En el momento en que vayamos más allá de esto entonces excluiremos todo aquello que no produzcamos nosotros mismos utilizando cosas que sólo nosotros producimos y que no provengan de otro origen. Una vez que nos apartamos del producto en sí mismo, debido a que el uso de animales es omnipresente, y el hecho de que todo el dinero está ensuciado, no puede haber forma de encontrar un límite.

Estamos a favor de apoyar a las compañías veganas —aunque todas las compañías participan de la explotación animal en la dinámica de producción y distribución. No nos oponemos a expresar desacuerdo cuando una empresa vegana se vende a una empresa que no es vegana —aunque esto será algo que sucederá más a menudo en tanto que el veganismo se haga más popular y las grandes compañías quieran vender productos veganos para enriquecerse. Nuestra posición es que un producto "vegano" no deja de ser apto para veganos porque haya explotación animal involucrada en la dinámica de productos y distribución. Hay explotación animal involucrada en todo aquello que no produzcamos por nosotros mismos utilizando ingredientes que hayamos producido nosotros.

No estamos diciendo que no haya buenas razones para ser críticos con determinadas empresas, por su trato hacia los empleados, el medio ambiente,... Nosotros no comemos anacardos ni chocolate que no provengan de comercio justo porque, aunque estos productos son veganos, conllevan un daño terrible hacia los humanos. Pero son veganos.

De todos modos, no estamos animando a la gente a consumir productos Daiya. Personalmente creemos que no son nada saludables. Nunca los comeríamos.

**********

Si no son veganos, por favor, háganse veganos. El veganismo es acerca de la noviolencia. Primero y sobre todo, es acerca de la noviolencia hacia otros seres sintientes. Pero es también acerca de la noviolencia sobre la tierra y nosotros mismos.

Si los animales importan moralmente, el veganismo no es una opción —es una necesidad. Un movimiento que pretenda defender los derechos de los animales debe dejar muy claro que el veganismo es un imperativo moral.

Asumir el veganismo como un imperativo moral y promover el veganismo como un imperativo moral son, además de cuidar de no-humanos refugiados, las acciones más importantes de activismo que podemos llevar a cabo.

Gary L. Francione & Anna E. Charlton


27 de julio de 2017

Dos movimientos: ¿En cuál estás?






Billones de animales son explotados anualmente. Sabemos que esto no va a terminar a corto plazo. Pero también sabemos que hay mucha gente que se preocupa por los animales.

Algunos activistas opinan que debemos educar, de manera noviolenta y creativa, a la gente que se preocupa por los animales para que comprendan que la explotación animal es injusta y que si nos preocupamos por los animales y estamos de acuerdo en que tienen un valor moral entonces tenemos la obligación de ser veganos y no comer, consumir o usar animales. Estos activistas rechazan la idea de que debemos promover o aprobar alguna forma de continuar la explotación animal. Quienes asumen este enfoque son, en su gran mayoría, activistas de base.

Algunos activistas piensan que no debemos promover el veganismo como una obligación moral y que debemos animar a la gente que se preocupa por los animales a comer productos de origen animal que hayan sido producidos de una manera "humanitaria", o que podemos satisfacer nuestra obligación moral reduciendo la cantidad de productos animales que consumimos. Aquellos que promueven este enfoque están, en su mayor parte, involucrados con las grandes organizaciones corporativas de caridad. Quienes forman parte de este grupo a menudo descalifican a los de aquel otro grupo como "puristas", "fundamentalistas" o "policía vegana".

Debemos tener claro dos puntos:

Primero; ningún enfoque conducirá a terminar con la explotación animal de un día para otro. La cuestión está en si debemos promover el veganismo o si debemos promover la explotación "feliz" o reducida. Sencillamente no es cierto que el enfoque que defiende la explotación "feliz" o reducida hace algo "ahora" por los animales que la posición vegana no haga.

Segundo; la gente que habla acerca de educar sobre veganismo o sobre la explotación "feliz" o reducida es gente que se preocupa por los animales. La gente a la que no le preocupa los animales no toma partido por ninguno de ambos enfoques.

Así que la cuestión es simple: ¿debemos educar sobre veganismo a la gente que se preocupa por los animales o debemos animarles a participar en la explotación "feliz" o reducida?

21 de julio de 2017

El moderno "movimiento animalista" en pocas palabras







Los abolicionistas mantienen que no podemos justificar la explotación animal y que la explotación animal no terminará hasta que construyamos un movimiento vegano que tenga la habilidad política de conseguir medidas que eliminen el uso de animales. Así que los abolicionista promueven el veganismo como un imperativo moral y también como una estrategia a largo plazo y un modo coherente de reducir ahora la demanda de productos animales para así conseguir cambiar el paradigma de los animales como propiedad hacia el de los animales como personas no humanas.

Aquellos que rechazan el abolicionismo promueven las reformas de bienestar animal, las campañas monotemáticas y el reducetarianismo.

Las campañas para la reforma bienestarista perpetúan la idea de que el uso animal es moralmente aceptable si es "humanitario". Pero las campañas bienestaristas en favor de las granjas "felices" sólo sirven para conseguir que la gente se sienta más cómoda en continuar explotando animales.

Las campañas monotemáticas sustituyen una forma de explotación por otra, y le dicen a la gente, por ejempo, que comer vacas o pollos o peces es moralmente mejor que comer foie-gras, o que vestir pieles es peor que vestirse con lana o cuero. Estas campañas perpetúan la explotación animal.

El reducetarianismo promueve campañas como los lunes sin carne, que refuerza la idea de que los lácteos y los huevos son moralmente distinguibles de la carne —y de ese modo promueve su consumo— y mantienen que podemos cumplir con nuestra obligación moral eligiendo comer menos carne o cambiando un producto animal por otro. Esto es similar a decir que podemos cumplir nuestras obligaciones morales respecto del racismo no cometiendo actos racistas durante los lunes o "reduciendo" nuestra conducta racista, pero sin la idea de que debamos abolir el racismo. El reducetarianismo es un enfoque incoherente que además promueve la continuidad de la explotación.

Quienes promueven la reforma bienestarista, la campaña monotemática, y el reducetarianismo, afirman que lo hacen porque hay que hacer algo por los animales "ahora". Ellos ignoran que los abolicionistas, que persuaden a la gente a que rechace la explotación animal en cualquier forma, están ciertamente haciendo algo "ahora". Ellos parecen no comprender que animando a la gente a consumir productos animales "felices", o a comer vacas en lugar de foie-gras, o a llevar lana en lugar de piel, están haciendo algo "ahora" que es contraproducente.

13 de mayo de 2017

Sobre el razonamiento moral


La lógica por sí sola puede fundamentar la moral, pero no puede, por sí sola, motivar a la preocupación moral.



30 de marzo de 2017

Derechos humanos y derechos de los demás animales


Gary Francione explica de qué manera la defensa de los animales humanos y los no humanos está profundamente entrelazada




Para más información sobre el Enfoque abolicionista consultar aquí

26 de febrero de 2017

Vegetarianismo: No tiene sentido


El vegetarianismo no tiene sentido. No hay diferencia moral entre la carne y el resto de productos de la explotación animal.



22 de febrero de 2017

Los pollitos de Crowland y nuestra moral convencional sobre los animales



La BBC ha informado que alguien arrojó a la basura a 1800 pollitos en un terreno de Crowland, cerca de Peterborough, en el Reino Unido. Los pollitos fueron matados porque se encontraban cerca de una zona de exclusión por la gripe aviar.




La RSPCA, que está investigando el caso, cree que los pollitos pertenecen a un productor comercial de pollos y que fueron abandonados por una tercera persona que los recibió de un empleado "en precario" del productor de pollos. El inspector de la RSPCA, haciéndose eco del clamor popular sobre este asunto, ha declarado: "Es increíble que alguien pudiera desechar a estos vulnerables pollitos" añadiendo además que "podría considerar que esto es uno de los actos más atroces que me he encontrado en los 20 años que llevo en la RSPCA."

Pero la industria británica del huevo mata rutinariamente a millones de pollos cada año. Los pollos macho no dan huevos así que por lo general son gaseados, aunque también pueden ser asfixiados o triturados. La RSPCA aprueba estos métodos de matanza sobre las mismas criaturas vulnerables que fueran abandonadas para morir en Crowland. Y la RSPCA anima activamente a la gente a consumir pollos y otros animales.

¿Qué sentido tiene todo esto?

La respuesta es que no tiene ninguno. Expresamos nuestro enfado sobre lo que le han hecho a los pollitos en Crowland, pero, en tanto que somos consumidores de huevos, de pollos, y de otros animales, estamos apoyando prácticas que conducen al mismo hecho: los mismos seres vulnerables acaban siendo matados. No hay otra manera de verlo: nuestra posición es manifiestamente confusa.

¿Es incapaz nuestra moral convencional acerca de nuestras obligaciones con los animales de aportar una mayor claridad y guía moral en estas situaciones?

Primero; necesitamos identificar cuál es nuestra moral convencional respecto de los animales. Podríamos afirmar que se resume en un simple e incontrovertido principio: que está mal infligir sufrimiento innecesario a los animales. Esto es, la mayoría de la gente cree que los animales tienen algún valor moral pero que es un valor menor que el de los humanos, por lo que, en caso de conflicto entre humanos y animales, los animales pierden.

Necesitamos pensar con algo más de claridad acerca de lo que realmente decimos creer.

¿Cuándo es necesario hacer daño a los animales?

¿Qué quiere decir nuestra moral convencional cuando dice que podemos usar y matar animales cuando es necesario hacerlo? ¿Cuál es el significado de "necesario"?

Sea cual sea el criterio de necesidad, lo que es cierto es que no puede incluir el placer, la diversión o la comodidad. Esto es, necesitamos que haya un conflicto real entre humanos y animales —alguna clase de compulsión que requiere que dañemos a los animales. Si interpretamos la necesidad para incluir situaciones en las que nuestro supuesto "conflicto" es que nos privaremos de algún tipo de placer o diversión, o que nos resultará incómodo, entonces no hay límites. Nuestra moral convencional sobre los animales resulta inútil.

Esto es por lo que tanta gente se opone a actividades meramente deportivas, como las peleas de perros, las corridas de toros, y la caza del zorro. El problema es que nuestro mayor uso de animales —para comida— no conlleva mayor necesidad que el uso de animales para la tauromaquia.

La gente tiende a creer que comer carne, lácteos, y huevos, es necesario para la salud humana. Pero desde hace muchos años, el National Health Service, la British Nutrition Foundation, y la British Dietetic Association, así como otras organizaciones en Estados Unidos, y otros países, reconocen que una dieta vegana correctamente planificada es saludable. Cada vez más profesionales de la salud señalan que comer animales es perjudicial para la salud humana. Aunque esto se sale de la cuestión. Nadie mantiene que sea necesario consumir sustancias de origen animal.

La mejor excusa que tenemos para matar a 60.000 millones de animales terrestres para comida, y una cifra estimada de un billón de animales marinos, es que saben bien.

La ganadería no sólo es moralmente problemática porque implica causar daño innecesario a los animales sino que también resulta ser un desastre ecológico, responsable de emitir más gases de efecto invernadero que todo el consumo de combustibles fósiles para transporte, así como del deterioro del suelo, contaminación del agua, deforestación, y otros daños medioambientales.

Si no es necesario matar y consumir animales para alimentarnos, entonces todo el sufrimiento y la muerte que conlleva este uso es, por definición, innecesario. Y nuestra moral convencional debería excluirlo. De otro modo, nuestra moral convencional sólo significaría que debemos no imponer más sufrimiento del que fuera necesario para mantener usos que ya de por sí resultan innecesarios en primer lugar. Sin duda, nuestra moral convencional alcanza más allá de prohibir aquel daño sobre los animales que es puramente gratuito.

Retorno a Crowland

Nosotros promovemos la idea de que los animales tienen derechos morales. Pero reconocemos que la mayoría de la gente no coincide con esta posición. Sin embargo, no es necesario asumir la posición de los derechos animales para comprender que nuestra moral convencional establece que si nos encontramos en una isla desierta, o en un bote a la deriva, hay una necesidad; aquí hay una compulsión. La moral convencional sostiene que comer a un animal en esa circunstancia sería moralmente aceptable.

No obstante, si no estamos en una isla desierta o en un bote a la deriva, y no hay una necesidad o compulsión para matar o pagar a alguien para que mate, entonces nuestra moral convencional nos conduce a asumir una dieta vegetal. La misma indignación que nos conduce a rechazar la violencia contra los pollitos abandonados en Crowland debería conducirnos a reconocer que no debemos matar a esas mismas criaturas vulnerables como parte de la industria del huevo.


3 de febrero de 2017

El cierre de un circo es una distracción respecto del problema real: comer animales




Traducido de The Conversation

El "Mayor Espectáculo Sobre La Tierra", el circo Ringling Bros, que tiene 146 años de antigüedad, anunciaba en enero que finalmente cerrará en mayo. El circo ya no es lo suficientemente espectacular para competir con los entretenimientos ofrecidos por los nuevos aparatos electrónicos, y con los conciertos de música y las exhibiciones de automóviles.

Los animalistas, quienes durante años han criticado a los circos por exhibir elefantes, están calificando esta decisión como una victoria, aunque la compañía ya había anunciado en 2015 que iba a dejar de utilizar elefantes en sus funciones en respuesta a las críticas públicas. Ciertamente, podríamos alegrarnos si esta decisión aliviara la miseria de los elefantes —aunque, tal y como explicaremos más adelante, esto no está nada claro— o evita que otros animales sean usados por futuros circos.

Pero los dueños de Ringling tomaron una decisión comercial que nada tiene que ver con lo que los animalistas dijeran o hicieran. De hecho, los ejecutivos dejaron claro que las funciones del circo ya no eran viables como modelo de negocio. Y cerrar el circo no afecta en nada a la institución del uso animal —ni, más importante aún, al hecho de que comamos animales. Como académicos por los derechos de los animales y defensores del veganismo como imperativo moral, no vemos esto como una victoria.

¿Por qué centrarse en los elefantes?

Los gustos cambian y la demanda de los consumidores determina cuáles negocios sobreviven. Los primeros circos exhibían humanos de manera abusiva e indignante, anunciándolos como "mujeres barbudas", gemelos siameses, y figurantes que padecían enanismo, gigantismo, discapacidades y enfermedades.

A la vez que estas prácticas desaparecieron en el siglo pasado, los circos pusieron un mayor énfasis en los payasos, los acróbatas, los funambulistas y las actuaciones con animales salvajes. La atmósfera carnavalesca de los circos itinerantes fue gradualmente transformándose hacia actividades más refinadas, en la línea de compañías como El Circo del Sol.

Nuestra opinión sobre las actuaciones con animales se hicieron más matizadas, variadas y controvertidas, particularmente en el caso de los elefantes. Los grandes circos ofrecían la rara oportunidad de ver a estos animales, pero hoy en día disponemos de documentales de elefantes en sus propios hábitats.

Asimismo, hemos comprendido que los elefantes son animales inteligentes y complejos. Los hemos unido junto a delfines, orcas, y grandes simios, en un pequeño y privilegiado club de animales "especiales" hacia el que los humanos, en especial los occidentales, muestran preocupación y se sienten contrariados y quizás se inclinen por acordar hacia ellos un mayor respeto.

En 2015, Ringling anunciaba que retiraría sus elefantes de los espectáculos en 2018. Aunque los elefantes todavía serían sujetos para investigación y cría, y vivirían en un pequeño "santuario", los grupos bienestaristas que habían realizado campañas para finalizar las actuaciones con elefantes lo estaban celebrando. Y cuando Ringling anunciaba este mes que cerraba el negocio, PeTA decía a sus simpatizantes que "36 años de protestas de PeTA, documentando cómo dejaban morir a los animales, cómo los golpeaban, y mucho más, había reducido la asistencia del público hasta un punto de no retorno."

Justificando la explotación animal

Semejantes declaraciones habían ignorado por completo al "elefante en la habitación"*. Los humanos matan y comen a 70 mil millones de animales terrestres y al menos a un billón de animales marinos anualmente. Todos los otros usos de animales —desde los circos hasta la investigación médica— palidecen en comparación.
*Elefante en la habitación: En Idioma inglés, "Elephant in the room" ["elefante en la habitación"] es una expresión metafórica que hace referencia a una verdad evidente que es ignorada o pasa desapercibida; también aplica a un problema o riesgo obvio que nadie quiere discutir.
Sin embargo, la mayoría de grupos bienestaristas no mantienen que usar animales para comida desafíe el mismo imperativo moral que le asignan a usar elefantes en los circos, matar focas bebés para pieles o comer perros y gatos en Asia. Esto refleja la estrategia recaudatoria de estas organizaciones, basada en presentar estos actos de crueldad hacia los animales como frívolos e innecesarios —por ejemplo, llevar un abrigo de piel. Ellos prometen a sus seguidores que se encargarán de estos temas, sin pedirle a nadie que cambie su dieta, estilo de vida o su forma de pensar. Los elefantes son perfectos para esta estrategia.

Ahora bien, los grupos bienestaristas han conformado perversas alianzas con las empresas y las industrias que se dedican a la explotación animal. Ellos trabajan con las empresas explotadoras para convencer a la gente de que hay una manera "compasiva" de explotar animales, e incluso les proporcionan licencias y certificados de productos animales "humanitarios".

Por ejemplo, en el año 2005 el profesor de la universidad de Princeton, Peter Singer, escribió una carta abierta en defensa de varios grupos bienestaristas expresando "aprecio y apoyo" al programa de Whole Foods para proporcionar un supuesto mejor trato "humanitario" a los animales de granja. Esto inauguraba lo que denominamos como el movimiento de "explotación feliz".

Pero los animales son bienes muebles, y los estándares de bienestar animal, como cuestión general aparte de los nichos de mercado para los ricos, no hacen otra cosa más que mejorar la eficiencia económica del uso de animales. Incluso los grupos bienestaristas reconocen que su negocio está ayudando a la industria a identificar la ineficiencia del trato hacia los animales para mejorar sus resultados. Por ejemplo, tanto PeTA como la Humane Society of the United States promueven la atmósfera-controlada como método para la matanza de aves basada en la eficiencia económica.

Comer animales: innecesario e injustificado

Durante más de 200 años, hemos asumido la idea de que los animales tienen valor moral —ellos no son simples cosas. Esta visión es reflejada en la legislación que procura un trato "humanitario" de los animales, la cual proviene del siglo XIX. La mayoría de nosotros considera que está mal infligir sufrimiento "innecesario" a los animales. Esto debe significar que no podemos imponer sufrimiento a los animales sólo por nuestro placer, diversión o conveniencia.

No obstante, nosotros señalamos que, en la vida cotidiana, estamos imponiendo sufrimiento innecesario a los animales. La idea de que la gente necesita consumir productos animales para tener una buena salud ha sido rebatida por las organizaciones profesionales, tales como la Academia de Nutrición y Dietética y la Asociación Americana del Corazón;  instituciones médicas como la Clínica Mayo, agencias gubernamentales como el Instituto Nacional de Salud y el Servicio Nacional Británico de Salud, y aseguradoras como Kaiser Permanente.

Todas estas autoridades coinciden en que una dieta vegetal correctamente planificada proporciona una adecuada nutrición. Algunos señalan que puede ser mejor para la salud humana que una dieta que incluye productos animales. Comemos animales por una sola razón: Nos gusta hacerlo. Nos resulta conveniente consumir un filete o un perrito caliente. Pero no tenemos una mayor justificación moral para comer animales que para explotar elefantes en los circos.

Si queremos tomarnos en serio la ética respecto de los animales, necesitamos salir del debate sobre el trato hacia éste u otro animal en circunstancias específicas. En su lugar, debemos enfocarnos sobre la justificación del uso de animales a la luz de la moralidad convencional de que los animales tienen un valor moral y que necesitamos una razón para imponerles sufrimiento y muerte. Para el 99.99 por ciento de nuestro uso de animales no tenemos ninguna razón que lo justifique.

El rechazo hacia el consumo de perros y gatos en los países asiáticos es atronador, y a menudo conlleva etnocentrismo y xenofobia. Pero no hay ninguna diferencia moral en absoluto entre comer perros y comer pollos o comer queso.

Mientras sigamos comiendo animales, nada cambiará. Una vez que reconocemos que nuestro uso de animales para comida no es diferente del uso de elefantes en los circos, la matanza de focas bebés o las peleas de perros, toda nuestra perspectiva cambiará por completo y la discusión social se trasladará del supuesto trato "humanitario" hacia las justificaciones del uso de animales.

4 de enero de 2017

13 de diciembre de 2016

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